El final de Diciembre se
acerca, y con ello el comienzo de un nuevo mes, de una nueva oportunidad. Hoy, con
un paso más cerca de Enero, me he dado realmente cuenta que tu presencia no es
más que una excusa para todos mis problemas. Un continuo malgasto de tiempo, con
el que al fin y al cabo no sacaré nada productivo. No te niego que fui feliz, pero
llegados a este punto toda lucha cae en saco roto. ¿Quién lo iba a decir? Noches
enteras debatiendo sobre nuestro futuro, y a día de hoy todo ha terminado. Me
duele saber que todo este tiempo he estado intentando reanimar algo que estaba
muerto. Pero no vengo a hablarte de los intentos desesperados, ni de las caídas
a lo largo de nuestro camino. Deseo que comprendas mi posición en esta
historia, quiero que hagas un mínimo esfuerzo y dejes tu orgullo fuera de juego
un momento. Intenta vivir desde una segunda posición todos estos largos meses, mirando
a través de mis ojos, sintiendo mis golpes y mis heridas. Y es más, vive mis alegrías y mis
risas. Absolutamente todo. Te doy todo el tiempo que quieras, respira hondo y
cierra los ojos...
¿Lo tienes? Bien, habrás visto que me enamoré como una autentica imbécil. Cada sonrisa que dibujaba en mi cara cuando te miraba, el vuelco de mi corazón al mínimo roce, todos y cada uno de los besos sentidos por mí. ¿Eso es fácil no? Iremos un poco más allá. Pasaré por alto la primera vez que me dejaste... Párate ahí, justo en aquél mes. Ahora quiero que saborees cada lágrima, que sientas el escozor de las heridas en carne viva. La desesperación, la irá, la incomprensión. Recuerda el cómo, el cuándo, el porqué, el donde. No te preocupes si en un momento dado ves todo negro, solo fue el abismo donde me lanzaste. Seguiremos un poco más adelante, la lucha del día a día, la batalla contra el llanto, el sentimiento de culpabilidad. Aquella noche... ¿Notas el contraste? No te asombres, simplemente fue el momento en el que me di cuenta que tenía dos opciones; vivir o recordar. ¿Está claro no? Me volví a levantar, como buena luchadora. No fue una recuperación milagrosa, las heridas del corazón necesitan mucho tiempo. Pero te dejo que descubras por ti mismo los siguientes meses…
¿Ya? vale, te robaré solo un minuto más. Ya que conoces mínimamente el tránsito de este tiempo, quiero que por cuenta propia adivines de qué forma debo sentirme yo. No hace cuatro meses, sino justamente ahora. En el instante en el que vuelves con aires de superioridad, con amenazas a medias tintas, con lanzamientos de culpabilidad. Como un veneno vas matando lentamente todo aquello que te dedicaste a cultivar, el amor, la ilusión. ¿Lo puedes llegar a ver? Mi corazón puede soportar tu ausencia o una simple amistad, pero lo que no es capaz de digerir a pesar del cariño es tu continuo afán por mantenerlo.
Por ello, por todo lo que hemos pasado, te pido por favor que dejes de intentar que todo siga como al principio, que hagas como si nunca nada hubiera sucedido. Porque mi amor es infinito, pero mi paciencia no.
¿Lo tienes? Bien, habrás visto que me enamoré como una autentica imbécil. Cada sonrisa que dibujaba en mi cara cuando te miraba, el vuelco de mi corazón al mínimo roce, todos y cada uno de los besos sentidos por mí. ¿Eso es fácil no? Iremos un poco más allá. Pasaré por alto la primera vez que me dejaste... Párate ahí, justo en aquél mes. Ahora quiero que saborees cada lágrima, que sientas el escozor de las heridas en carne viva. La desesperación, la irá, la incomprensión. Recuerda el cómo, el cuándo, el porqué, el donde. No te preocupes si en un momento dado ves todo negro, solo fue el abismo donde me lanzaste. Seguiremos un poco más adelante, la lucha del día a día, la batalla contra el llanto, el sentimiento de culpabilidad. Aquella noche... ¿Notas el contraste? No te asombres, simplemente fue el momento en el que me di cuenta que tenía dos opciones; vivir o recordar. ¿Está claro no? Me volví a levantar, como buena luchadora. No fue una recuperación milagrosa, las heridas del corazón necesitan mucho tiempo. Pero te dejo que descubras por ti mismo los siguientes meses…
¿Ya? vale, te robaré solo un minuto más. Ya que conoces mínimamente el tránsito de este tiempo, quiero que por cuenta propia adivines de qué forma debo sentirme yo. No hace cuatro meses, sino justamente ahora. En el instante en el que vuelves con aires de superioridad, con amenazas a medias tintas, con lanzamientos de culpabilidad. Como un veneno vas matando lentamente todo aquello que te dedicaste a cultivar, el amor, la ilusión. ¿Lo puedes llegar a ver? Mi corazón puede soportar tu ausencia o una simple amistad, pero lo que no es capaz de digerir a pesar del cariño es tu continuo afán por mantenerlo.
Por ello, por todo lo que hemos pasado, te pido por favor que dejes de intentar que todo siga como al principio, que hagas como si nunca nada hubiera sucedido. Porque mi amor es infinito, pero mi paciencia no.
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